jueves, 1 de enero de 2009

I


Después de unos buenos golpes de hombres y mujeres, me senté en una butaca.
Una Mujer de suaves manos, abrió mi pecho, convirtiéndolo en un puerto para el bien y el mal, embarcando la lujuria de mi oscuridad.



Diverimento erótico


Un gemidodoliente entre la alheña,
un rítmico suspiro en el helecho,
musgo y pluma por sábana del lecho,
por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña
violar mujeres y violar derecho
y ley y norma, y un hermoso pecho
sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fronda un olor suave
a sagrados ungüentos, y una queda
música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave
y el blanco cuerpo de la bella Leda,
bajo el peso del cisne temblorosa.

Autor: Carmen Jodra Dalvo

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